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A primera hora sale a pedir la comitiva del mayordomo, acompañado del Jarramplas -que va ataviado con el traje de pingos y sin máscara- y algunos allegados. A su marcha por las calles del pueblo, que recorren al son del tamboril con una canastilla, los vecinos echan su donación para el santo: una cantidad en metálico o una vela para la iglesia