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Orquesta de Extremadura
La intrépida orquesta y el Soldadito de Plomo
Representación de El Soldadito de Plomo con la Orquesta de Extremadura.
  • Publicado: 14/11/2015 12:24
  • por: extremadura.com
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El soldadito de plomo no había aparecido aún cuando la bailarina hacía su entrada en el Palacio de Congresos Manuel Rojas de Badajoz.

El soldadito de plomo no había aparecido aún cuando la bailarina hacía su entrada en el Palacio de Congresos Manuel Rojas de Badajoz. Invitaba a los músicos a tomar asiento al compás de las palmas marciales del público y seguidos por un montón de ojitos expectantes.

Antes de comenzar el concierto la bailarina y narradora del cuento introdujo a los pequeños el momento de la afinación, haciendo un repaso por las familias de instrumentos para después, presentar al director invitado, Jordi Francés.

Olía a gusanitos cuando el viento madera interpretaba los primeros acordes de la "Danza Rusa" del Cascanueces, compuesta por Piotr Ilich Chaikovski,  acompañado por el pizzicato de la cuerda que era acompañado, a su vez, por ligeros movimientos de pequeñas cabezas desde sus sitios.

Y comenzó el cuento... soldaditos de plomo entre carcajadas y llantos del público. El protagonista apareció y puso en vilo a los pequeños porque solo tenía una pierna, y con el amable "Valls de las flores" hizo un intento por no caerse que provocó más de un salto en el asiento.

La damisela bailaba al son de la interpretación de la orquesta que estaba tranquila y entregando a los niños lo mejor que tenían. A pesar de la escasa visibilidad en el escenario, imprescindible para la proyección de las ilustraciones del cuento tras los músicos, quedaba claro que entre la orquesta y el director había buena comunicación. 

Con "Cuadros de una exposición" de Modest Músorgski, aparece un nuevo personaje a escena y la sala se llenó de tensión entre los vertiginosos acordes de esta pieza pero que inmediatamente pasaron a ser risas.

Y entonces el soldadito se cayó y con él llegó la "tormenta perfecta". El público hacía la lluvia golpeando la palma de la mano con un par de dedos, y la orquesta, con una amplia sonrisa, hacia los truenos y el viento.

La "Danza del Príncipe Igor", magnífica pieza de Alexander Borodin, acompañó al soldadito de plomo en su barco de papel mientras navegaba alejándose cada vez más de su princesa. De pronto, llegó la rata... y con ella los cambios de asiento. Los niños se sentaban encima de sus padres y vivían divertidos y expectantes la pelea entre la rata y el soldadito.

"Sherezade", de Rimski-Kórsakov, fue la encargada de sonar mientras un gran pez debora al soldadito de plomo. La orquesta llenaba cada rincón del Palacio de Congresos, los niños parecían estar en el cine, no se movió nadie hasta el solo del concertino y la llegada a casa al fin del soldadito.

Sin embargo, aún quedaba un susto más, que llegó con "El pájaro de fuego" de Igor Stravinsky. Bailarina y soldadito cayeron a las llamas y el público parecía no creer lo que pasaba, cuando todo había vuelto a la calma se volvía a escuchar algún llanto de los más pequeños. Pero fueron rescatados para estar juntos por siempre y cada niño volvió a su asiento y el concierto cerró como comenzó: el Cascanueces sonando, olor a chucherías y una orquesta igual de entregada que en los primeros acordes.