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El Museo Etnográfico de Don Benito elige un molinillo de café como pieza del mes de abril - Turismo

28.03.12 - 17.32 - por: Extremadura.com / Redacción 3

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Se fabricó entre 1855 y 1866, pues en los anteriores a la fecha de inicio en el lugar de Valentignly aparecía la palabra d`Hérimoncourt y en los posteriores al año 66, en las inscripciones solo consta: Peugeot-Jackson-Pont-de-Roide Doub

 

El Museo Etnográfico de Don Benito ha elegido como pieza del mes de abril un molinillo de café de 51 x 25 x 33 cm., que forma parte de la recreación del ultramarino que se expone en estas instalaciones, y cuya función era moler el café que el cliente solicitaba.

En concreto, el molinillo se fabricó entre 1855 y 1866, pues en los anteriores a la fecha de inicio en el lugar de Valentignly aparecía la palabra d`Hérimoncourt y en los posteriores al año 66, en las inscripciones solo consta: Peugeot-Jackson-Pont-de-Roide Doub.

Está elaborado en hierro y conserva parte de pintura roja. El depósito superior para introducir los granos de café es de metal y ha perdido el cajón inferior de recogida del café molido. Consta de dos ruedas con manivelas para accionar el mecanismo interior.

Además, en ambas y en la parte superior del soporte se repite la siguiente inscripción: PEUGEOT FRERES A VALENTIGNLY DOUBS BREVETEES S.G.D.G. DEPOSE, lo que indica que fue fabricado por la conocida casa de automóviles que también producía artículos como sierras, paletas y planchas, destacando sobre todo en la creación de molinillos de café.

Precisamente, en esta localidad pacense todavía se recuerdan aquellos comercios familiares con “fuertes lazos” en la comunidad, aunque estos fueron desapareciendo a lo largo del último tercio del siglo XX. Ejemplos como el de Vicente González “La tienda del sordo” en la Plaza de España, el de “Estani” en la calle Arroyazo, el de Merchán en la actual Avenida de la Constitución, Los Hurtados con su almacén de la calle Pino y el denominado “Almacén de Coloniales” en la calle Arroyazo y sus comercios de ventas al detalle en las calles Ramón y Cajal y Doña Consuelo Torres, o la tienda de comestibles de Gabino también en Ramón y Cajal.

“Aquellos antiguos establecimientos estaban provistos de una cantidad muy heterogénea de productos para el aprovisionamiento doméstico, muchos de los destinados a la alimentación se vendían a granel y por pesos”, apunta el Museo Etnográfico de Don Benito en un comunicado.

Así pues, las primeras ventas de molinillos se remontan a 1840 cuando la empresa de Jean-Frederic Peugeot se asoció con cuatro hermanos ingleses Jackson Fréres y compraron el viejo molino de Pont-de-Roide cerca de Valentignly habilitándolo como fábrica. Desde entonces, todos los molinillos producidos llevan inscripciones o chapas que identifican “claramente” el momento de su fabricación y el tipo de modelo.

Por su parte, la historia del café desde sus orígenes de leyenda hasta nuestros días es apasionante. Y es que, tras su descubrimiento en el siglo VII en la antigua Abisinia, cuando un pastor observó que sus cabras mostraban signos de nerviosismo y agitación después de comer unos frutos y hojas desconocidos, su expansión por el mundo musulmán desde La Península Arábica lo convirtió en una bebida muy popular entre los peregrinos que iban a la Meca.

No obstante, el primer local destinado a su venta se creó en Constantinopla en el siglo XVI. Su llegada a Europa fue a partir del siglo XVII gracias a los comerciantes holandeses que lo importaron desde oriente. A América se exporta en la siguiente centuria, introducido por los franceses en la Martinica, los portugueses en Brasil, los ingleses en Jamaica y los españoles en Cuba y Colombia.

En el caso de España, el café entró de la mano de los Borbones y los comerciantes italianos, aproximadamente a mediados del siglo XVIII. A lo largo del siglo XIX se abrieron los primeros establecimientos dedicados a su venta, concretamente en Cádiz, Madrid y Barcelona.

En la actualidad, la repetida frase ‘Cuándo quieras tomamos un café’, indica su “gran popularidad” ya que se utiliza como pretexto para reunirse, al margen de tomar dicha bebida o cualquier otra, tal y como informa el Museo dombenitense en un comunicado.

En un principio los granos de café previamente tostados se molían en morteros, pero cuando se hizo popular su consumo se inventó el molinillo. Los primeros eran “muy sencillos” fabricados en hojalata de forma cúbica, en su interior disponían de un engranaje de muelas de hierro que se movían al accionar una manivela exterior triturando los granos de café que iban cayendo ya molidos en un recipiente inferior a modo de cajón extraíble.

 

Tema: Actualidad